Curiosidades literarias, episodios reseñables y destacables en la historia del libro

Recopilación de las mejores curiosidades literarias

La historia de los libros es muy larga. Años, siglos y milenios han pasado desde que la especie humana descubrió que era posible dejar registro a través de esta vía. Todo un viaje en el tiempo que no está exento de curiosidades literarias y de episodios reseñables. Y es que estamos tan acostumbrados a verlos encima de nuestra mesita de noche, en nuestra biblioteca personal o en la librería a la que solemos acudir, que no reparamos en todas estas anécdotas.

Por ello, en esta ocasión te traemos varias curiosidades literarias con las que hacerte ver cuántas cosas han ocurrido desde aquellas primeras civilizaciones. Desde luego que la historia del libro está llena de episodios que van a dejarte con la boca abierta, ¿quieres descubrirlos? No lo demoramos más, comienza ahora mismo este viaje en el tiempo.

Origen de la palabra libro

Pocas veces reparamos en el origen de las palabras que utilizamos en el día a día. Y, desde luego, la palabra “libro” está entre ellas.  La primera de estas curiosidades literarias es cómo nació este concepto. Para ello tendremos que remontarnos a la época romana y al término en latín liber.

Aquella palabra podría traducirse como “parte interior de la corteza del árbol”. Una referencia al origen del formato que ya se utilizaba para plasmar los escritos (y que sigue empleándose en la actualidad). ¿Quieres otra curiosidad más? Tal y como recoge el portal Blog de Lengua, libro en inglés, book, es un término emparentado con la palabra beech (haya).

De nuevo una referencia a los árboles, formato que sirvió para empezar a producir los primeros libros y que en la actualidad se sigue empleando.

Libro, remedio del alma

Un libro es mucho más que papel escrito. A través de estas páginas somos capaces de viajar a otros lugares, y alimentar nuestra alma. Esto no es algo nuevo y ya en el Antiguo Egipto las bibliotecas recibían el nombre de “tesoros de los remedios del alma”. Nada más lejos de la realidad, ya que esta civilización era consciente de que gracias a ellos se podía curar el peor de los males que podía padecer una persona: su ignorancia.

Una curiosidad que hemos podido conocer gracias a la labor de Diodoro Sículo, historiador griego quien en su descripción de la biblioteca del Ramesseum dejó constancia de la inscripción sobre la biblioteca sagrada: “Lugar de remedio del alma”.

¡Menudo escritor!

En muchas ocasiones los autores que se deciden a publicar un libro se agobian ante los tiempos marcados. Pero, ¿te imaginas escribir a un ritmo tal que te diera tiempo a escribir 6 libros al mes? Puedes preguntárselo al escritor brasileño Ryoki Inoue, quien en su haber ha publicado 1.086 libros (39 de ellos bajo seudónimo).

Epitafios de autores

Las tumbas de algunos autores son bastante curiosas. Y no solo por los ornamentos que incluyen, sino precisamente por lo que tienen escrito. Epitafios que en algunas ocasiones fueron redactados por ellos mismos, caso de Molière, en cuyo lugar de sepultura puede leerse “Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y en verdad que lo hace bien”.

Otros autores también fueron los creadores de su epitafio, aunque en estas ocasiones se debe a que estos fragmentos se extrajeron de sus obras. Es el caso de F. Scott Fitzgerald, quien en su tumba (que comparte con su esposa) puede leerse “Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

Otros como Javier Poncela eligieron el humor negro para su epitafio, y si visitamos el lugar donde reposa para siempre el escritor podremos leer la siguiente (y curiosa) frase: “queréis los mayores elogios, moríos”. También en un tono guasón nos habla la tumba de Dorothy Parker, en donde aparece este mensaje “Perdonad el polvo” (por cierto, esta autora fue incinerada)

La verdad sobre el Día del Libro

Siempre se ha dicho que el Día del Libro se debe a que tanto como Miguel de Cervantes como William Shakespeare fallecieron un 23 de abril de 1616. Pero lo cierto es que el autor de El Quijote se despidió de nuestro mundo en otra fecha, concretamente un día antes. Fueron sus exequias las que se produjeron en la mencionada jornada.

Algo similar sucede con Willian Shakespeare, quien si falleció un 23 de abril, siempre que consultemos el calendario juliano. No obstante, si consultamos el almanaque gregoriano, veremos estaríamos hablando del 3 de mayo.

Por cierto, hubo otro escritor que falleció un 23 de abril de 1616. Su nombre fue el de Inca Garcilaso de la Vega. Y, curiosamente, el único de estos escritores que sí puede decirse a ciencia cierta que murió en esta fecha (atendiendo al calendario, gregoriano, el más utilizado en todo el mundo y según el cual, Shakespeare se fue un 3 de mayo y Cervantes un 22 de abril). Incluso en su propio día, los libros encierran curiosidades literarias

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