¿Cómo escribir una autobiografía?

Escribir libro autobiográfico
Carlos Rodríguez
Carlos Rodríguez
Su amplia experiencia en las ferias del libro le ha dado una idea clara de lo que buscan y necesitan los autores.
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Dicen que la realidad supera a la ficción. Y es cierto, las vidas de algunas personas superan el argumento de algunas de las mejores novelas de aventuras. Por ello, muchos suelen compartir estas vivencias a través de un libro, surgiendo así el género de la autobiografía, una oportunidad de dar a conocer estos episodios que, de otra manera, quedarían para el olvido.

Si eres de los que creen que tienen algo interesante que contar, a través de este género narrativo, en este artículo te vamos a dar los consejos básicos para hacer una biografía personal y, de esta manera, compartir con el mundo tu propia historia.

1. Traza en un borrador con los hitos más importantes de tu vida cronológicamente

Bien, antes de ponerte a escribir tu autobiografía, es necesario tener en cuenta qué poner en la biografía. Para ello, nada mejor que un repaso a tu propia vida, teniendo en cuenta los aspectos más importantes de la misma. Uno que nunca debe faltar es tu nacimiento: dónde fue y cómo era tu contexto inicial. Esto ayudará a que el lector pueda acercarse a tu figura desde el principio.

A partir de aquí, no está de más recordar hitos que te marcasen en el futuro y que vayan a formar parte de la historia que quieres contar. No está de más que tengas en cuenta diferentes bloques como infancia, adolescencia, vida adulta, la llegada de un hijo, etc. Una vez tengas una lista con estos episodios reseñables, será el momento de organizarlos (pero a eso, ya llegaremos un poco más adelante).

2. Descarta lo menos importante, piensa en el lector

Si ya tienes claros cuáles han sido los hitos más importantes de tu vida, es el momento de empezar a cribarlos, teniendo en cuenta su interés de cara al lector. Hay que tener en cuenta que, por mucho que una anécdota te haya marcado, puede que esto no merezca la atención del lector. Y es que para saber cómo escribir una autobiografía, el primer paso es tener los pies en el suelo.

Por ejemplo, los recuerdos de aquellas tardes junto a tus amigos jugando puede que supongan un grato episodio en tu vida, pero a poco que lo pongas en común con otras personas verás que se trata de una reminiscencia habitual. Por el contrario, si durante estos momentos sucedió algo que de verdad te marcase, y que se salga de la normalidad, estamos ante un hito que no debe faltar en tu autobiografía.

3. Conecta todo en un hilo conductor, dale sentido a todos los capítulos

Definir los puntos importantes

Al igual que en todo libro, una biografía personal debe mantener un hilo conductor. Puede parecer sencillo: tu vida es la conexión de todo. Pero, te animamos a ir un paso más allá. Por ejemplo, puedes hablar del mayor hito que hayas tenido en tu vida: levantar una empresa, alcanzar un éxito improbable, etc.

Si bien este evento puede quedar claro al comienzo, a la hora de hacer la biografía debes ir añadiendo aspectos de tu vida que, poco a poco, lleguen a este punto. Siguiendo con el ejemplo de una persona que haya conseguido crear una importante empresa, algunos hitos que no deben faltar es su educación, sus primeros pasos en el mundo laboral, etc.). Lo importante es crear un hilo entre todos estos puntos de historia, no dar tumbos y saltos inconexos entre unos y otros.

4. Deja un final al que se le pueda dar continuidad, recuerda que puedes contar más cosas (te queda por vivir…)

Una ficción tiene presentación, nudo y desenlace. La conclusión de tu autobiografía, es decir, tu vida todavía no ha llegado. Todavía quedan episodios interesantes que seguro merece la pena contar. Por lo tanto, no escribas un punto y final, sino un punto y seguido… o unos puntos suspensivos. ¡La historia seguro que puede continuar de algún modo!

Volviendo al ejemplo que mencionamos en el punto anterior, el de alguien que levanta su empresa, puede seguirse la historia con algunos momentos importantes en el día a día de este negocio, o el episodio en el que las nuevas generaciones se incorporan a ella y van llegando los cambios a este modelo.

Una de las características de los textos autobiográficos es que mientras su autor siga ganando experiencias, pueden ampliarse, o incluso dar lugar a una continuación en forma de nueva entrega literaria.

5. Revisa tu borrador autobiográfico, es un buen momento para buscar un beta reader

Bien, ya estaría todo, ¿verdad? Has seleccionado los episodios más reseñables de tu historia, has respetado el hilo conductor y has escrito tu autobiografía. ¡Enhorabuena! Pero, sentimos decirte, que antes de ponerte en contacto con alguna editorial para publicar este manuscrito, queda trabajo por hacer.

El primero, y más importante, es el de revisar este borrador para ver si cuenta con calidad suficiente. No solo tocará observar posibles faltas de ortografía, sino que también te permitirá ver si algunos pasajes del libro pueden eliminarse, tal y como te explicamos en el punto número dos de esta lista.

Una buena idea en este sentido es contar con la figura de un beta reader (también conocido como lector cero) que pueda valorar la calidad de tu manuscrito.

Ejemplos del inicio de una autobiografía bien redactada

Bien, más o menos hemos aclarado la teoría sobre cómo escribir un libro biográfico. Ahora, te mostraremos algunos ejemplos de autores y autoras que se han atrevido con esta narrativa, y te mostramos cómo comienzan sus obras:

El gerente, un puesto no recomendable

Retirado de mi trabajo (pensaba que nunca iba a llegar, pero todo llega), vuelto a mis orígenes de Antequera y en las postrimerías de mi vida, he ido de vez en cuando tomando alguna nota y reflexión, durante 2019 y la primera mitad de 2020, sobre el puesto de gerente al tener experiencia en ello por haber ocupado puesto directivo (también muchos años el de gerente) y tener bastantes amigos con iguales o similares cargos.

Posteriormente las he ordenado y refinado. He procurado no quitar ninguna, aunque hubiese sido lo normal, pero no quería dejar en la papelera diversos pensamientos que ya había escrito. Seguro que faltan muchos y otros que se exponen pueden ser cuestionados, pero escribo con el pensamiento y con el corazón y punto. Y, por supuesto, con el ánimo de no molestar absolutamente a nadie. Así que me parece mejor dejar las cosas como las hice en primera instancia, no incluir más asuntos ni tampoco quitar. Es lo más espontáneo, lo más sincero. Lo que se escribe de forma directa es lo auténtico, sin quitar su sabor puliendo.

Por si alguno puede sacar deducciones de mi experiencia.

Secretos guardados

Cuando tenía diecisiete para dieciocho años, conocí a Fran.

Él tenía diecinueve años y trabajaba como electricista para Sevillana (ahora es Endesa), una empresa de electricidad que estaba arreglando las cometidas que estaban por la calle. Él y sus compañeros paraban en el bar de mi padre para tomar y comer algo. Empezamos a hablar, cada vez estábamos más compenetrados, nos gustábamos y empezamos a salir sin que lo supieran sus amigos ni mis padres.

Testigo de radio

Han pasado casi cincuenta años y aún recuerdo a los grises apostados a caballo tras el Instituto de Radio y TV en la Dehesa de la Villa, que desde 1971 se había convertido en Facultad de Ciencias de la Información mientras se construía el edificio definitivo. Esperaban cualquier mínimo incidente o una orden para desplegarse por el campus de la Complutense. No nos acostumbrábamos a su presencia; con aquellos uniformes grises y cascos antidisturbios daban la impresión de estar a punto de ir a la guerra frente a un ejército de estudiantes cuyo mayor equipaje armamentístico era la ideología, carpetas, libros y alguna piedra que se terciara, llegado el caso. Resultaba inquietante la llegada a clase, porque el recorrido que había que hacer andando desde el final del paraninfo, donde nos dejaba el autobús, hasta el IRTV, al lado del Centro de Energía Nuclear Juan Vigón, era una zona «desprotegida».

Bájate los pantalones

13 de mayo. 15:35 de una tarde supersoleada. En apariencia un día maravilloso para el resto del mundo, pero para mí el peor día de mi vida.

Sentada con mi madre al lado, enfrente la enfermera de especialidades Anabel y a su lado la médica, la doctora García Sánchez, que con un nudo en la garganta suelta las palabras, esas palabras que nunca quieres oír:

«Marta, tienes cáncer de piel. Marta, es un melanoma».

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