Mitos de la corrección editorial a la hora de publicar un libro

La corrección editorial es un paso fundamental a la hora de publicar un libro. Antes de lanzarse al mercado, toda obra debe pasar por este proceso de modelaje y perfeccionamiento. Algo así como limar esas asperezas que han podido pasar desapercibido y que conseguirán que el manuscrito pueda dar lo mejor de sí antes de llegar a las estanterías de las librerías. Un proceso que puede parecer extraño a los autores y que no está exento de mitos.

Los mitos de la corrección editorial pueden hacer que un escritor sea reacio a estos servicios. Pero, una vez más, venimos a desentrañar qué se esconde detrás de estas afirmaciones que a priori parecen categóricas, pero que a poco que te acerques verás que se alejan de la realidad. ¿Estás dudando si necesitas o no de este protocolo antes de publicar tu libro? ¿Te asusta que alguien pueda cambiar tu manuscrito hasta un punto insospechado?

Acompáñanos en este viaje por los mitos de la corrección editorial y, si conoces alguno más, avísanos y lo incluiremos en la próxima lista.

Corregir es buscar faltas de ortografía

Las faltas son un peligro, desde luego. Seguro que alguna vez has querido desleer algún libro tras apreciar una errata tan grande como una catedral. Pero la corrección editorial va mucho más allá de localizar estos errores. Por ejemplo, revisar en la búsqueda de términos que se repiten o largas oraciones enrevesadas que impiden transmitir el mensaje tal y como lo desea el autor.

También se hace necesaria una revisión para corregir los signos de puntuación o posibles redundancias a lo largo de la trama. Porque si bien la corrección ortográfica es fundamental, la de estilo no lo es menos.

El corrector va a cambiar mi manuscrito

Ni mucho menos un corrector editorial pretende inmiscuirse en la obra de un autor. No se trata de reescribir el manuscrito, sino de encontrar posibles errores para su mejora. La base de todo escritor siempre será respetada en estos servicios y el sentido del libro permanecerá tal y como fue concebido. Además este proceso es conjunto, por lo que ante cualquier sugerencia, habrá control sobre la misma.

El corrector va a cambiar mi estilo

Este es uno de los mitos de la corrección editorial que más debe destacarse para desterrarse. Estos servicios no van a censurar tu estilo ni a cambiarlo, ten en cuenta que no se hubiera aceptado tu manuscrito si no se hubiera visto interés en el mismo. Ten por seguro que el libro que se publicará terminará recogiendo todo este sentir. Solo, repetimos una vez más, se detectarán posibles errores como cacofonías, redundancias, etc. que afecten a la comprensión del mensaje que el escritor quiere transmitir.

Mi manuscrito no tiene errores

Nadie es perfecto, ya lo decían en Con faldas y a lo loco. Por mucho que nos empeñemos, siempre hay un margen de mejora que se alcanza gracias a la mirada externa de un profesional. El corrector editorial y su experiencia contribuirán a detectar estos puntos y te ayudarán a encontrarlos. De hecho te recomendamos que no te quedes en estos servicios, sugiere a tus conocidos que echen un vistazo a tu manuscrito, seguro que darán con errores en los que no habías caído.

Si me corrigen, no soy buen escritor

A nadie le gusta que le corrijan. Pero no te preocupes, que tengas fallos no quiere decir que seas un mal escritor. ¿No nos crees? Pues tal y como te contamos en otra ocasión, hasta los más grandes han requerido de estos servicios. Prueba de ello son las numerosas revisiones a las que tenía que ser sometido todo un Premio Nobel como Gabriel García Márquez, a quien no le temblaba la voz a la hora de reconocer sus errores en la redacción: “yo le obedezco más a la inspiración que a la gramática”.

Esperamos haberte ayudado a desterrar estos mitos de la corrección editorial y que no tengas miedo si al enviar un manuscrito tu obra pasa por este proceso.

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