Dicen que escribir es un acto solitario, aunque yo rara vez me he sentido sola cuando escribía. Quizá esa sensación contracorriente sea una más de mis muchas rarezas.
A mí lo que de verdad me intimida y me repliega es publicar esos escritos: lanzarlos al mundo para que otros ojos los miren y otras mentes y corazones los juzguen. Y no hablo de hacerlo en un blog.
Afortunadamente ese miedo atávico de publicar uno de mis relatos o uno de mis poemas en mi blog lo superé hace años.
Me refiero a algo más grande y más profundo…
Siempre he dicho que escribir es catártico y mantendré esa idea hasta el fin de mis días, pero… ¿y publicar?, ¿convertir tus escritos en papel o si acaso en ebook?
Si te soy sincera, ese salto al vacío de exponerse al público choca de lleno con una persona tan tímida como yo. Aunque a veces parezca que voy por la vida más segura que la mayoría de los mortales, en realidad es solo una estrategia con la que cubro mis inseguridades.
Estoy convencida de que a pesar de la fama con que se tacha a los escritores de engreídos, se trata más bien de almas inseguras que usan la escritura como vehículo para dar salida a sus miedos, frustraciones o simplemente para disfrutar creando mundos paralelos.
Te aseguro que se te cruzan muchas dudas y preguntas antes de decidir plasmar esas hojas sueltas en un manuscrito e ir más allá enviándolo a una editorial. Antes de dar a la tecla de envío te sientes tan pequeña como una hormiga frente al elefante más grande del mundo.
Eres la nada en sí misma.

En mi caso, por ejemplo, Los 7 pecados de tu nombre, ni siquiera nació bajo este título.
Desde que escribo, soñaba con publicar un poemario, pero el título original era Cabriolas de papel. Y hace unos meses retomé la idea e incluso diseñé alguna portada con él.
Pero, justo ese título era, en gran medida, lo que me bloqueaba. No me encajaba del todo con la visceralidad de lo que cuento en mis versos y eso me desmotivaba a abrirme en canal y liberar a la bestia hecha poemario. Curioso, ¿verdad?
Como ves, inseguridad y dudas en todo momento.
Sin embargo, una vez dado el giro radical en el título y con los cincuenta a punto de cumplir, la fecha me parecía llena de simbolismo. Eso, unido al estado de salud de mi padre, ayudó a que diese el paso.
Otro cantar fue elegir portada para el título real. Creé un total de diecisiete y preseleccioné dos: la primera y la última justamente. Y hasta el último momento casi, ambas rivalizaron por ganarse el puesto de la escogida. Es más, al equipo de la editorial les mandé las dos y les hice trabajar el doble, por tanto, puesto que me diseñaron cubiertas para ambas.

Lo bueno es que elegir a ExLibric ha logrado que todo el proceso sea realmente bonito y sencillo. Incluso me ha proporcionado mi propio espacio de autora. Y aquí estoy.
Este rincón no nace para ser un escaparate perfecto ni un escenario desde el que hablar como si fuera una autora consagrada y con varios bestsellers a sus espaldas. Nace, más bien, como un taller abierto de par en par.
Quiero enseñar mi proceso creativo como autora, las dudas, los tachones y todo el camino que queda por delante hasta que mi poemario con ExLibric llegue a tus manos.
Dicen que el miedo se pasa mejor si se comparte. Así que, dime: ¿cuándo fue la última vez que fingiste seguridad para dar un salto al vacío?
Te leo en los comentarios. ¡Bienvenid@ a este viaje al que he decidido llamar Entre versos y tachones!




