Para comenzar, lo más claramente posible, es necesario establecer a qué me refiero. Las buscadas son las tradicionales de la física atómica teórica luego de que las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki marcaran el fin de la Segunda Guerra Mundial entre EE.UU. De Norteamérica y Japón. Ellas conmocionaron tanto al mundo del pensamiento filosófico como al científico. Dos mentores de estos dos mundos fueron Alberto Einstein, por su Teoría de la Relatividad y una nueva misión del cosmos y David Bohm en cuanto a su visión del mundo de la microfísica. Ambos pensaron que, en el interior del átomo, había Variables Ocultas (VO´s) que debían ser encontradas, pero no lo fueron. Esas variables, propias de los átomos, no podrían tener otro origen que el de la naturaleza.
Soy el autor del libro: Variables Ocultas y posibles acciones macroéticas, y de un libro precedente, titulado: Algunas variables ocultas. Tan ocultas como importantes, y me tomé el trabajo de buscarlas en el mundo actual de la realidad humana y encontré cinco: la electromagnética no visible; la atómica o nuclear; la de la información artificial, la espacial ultraterrestre y la genética. A todas ellas las generó el hombre durante una modernidad antropocéntrica.
Entre otras cosas, estudié filosofía en la UBA y tuve como profesor de “Ética” y de “Antropología Filosófica” al doctor Ricardo Guillermo Maliandi, ya fallecido, por quien siento un enorme respeto. Al finalizar el dictado de la segunda materia, antes mencionada, desafió a sus alumnos, prontos a ser licenciados en filosofía y antropología, a formar grupos para presentar ponencias relativas al curso. Esto frente a él y todos los alumnos. En uno de los libros recientes del profesor, este había afirmado que sólo habían existido dos Revoluciones Culturales de la Humanidad y yo pensaba que la moderna era la tercera. Difundí mi idea y conseguí que otros dos de filosofía y tres de antropología me acompañaron en el grupo. Durante un tiempo nos reunimos en el café de la esquina de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y acordamos la defensa de nuestra tercera revolución moderna. Ante la necesidad de elegir un orador, los otros cinco miembros fijaron su vista en mí, pues podría haber sido el padre de todos ellos (corría el año 1988 y yo tenía 54).
Me preparé en algunos días y llegado el día, expuse frente al profesor y unos cien alumnos de antropología y filosofía. Lo hice defendiendo nuestra postura durante una hora, esto entre observaciones del profesor, preguntas de los alumnos y respuestas mías. El profesor nos dio la razón en cuanto a la genética y la teoría de la información. Se abstuvo de opinar sobre lo electromagnético, atómico y espacial que eran mis fuertes. Todos se fueron hacia sus casas bastante preocupados. Yo contento.
Tiempo después elaboré una Cuarta Revolución Cultural de la Humanidad, de carácter biocéntrico. Quise planteársela al profesor pero me enteré que había muerto en Mar del Plata años antes. Tenía 4 años de edad más que yo y no creo que, alguna vez, algún político argentino lo haya consultado por alguna de estas cuestiones de la ética y la antropología filosófica. Así nos va.
Todo ello ha sido lo que me ha impulsado a escribir mis dos últimos libros. A partir de ahora solamente me dedicaré a escribir pequeños artículos sobre temas puntuales. Esto de escribir ya lo tengo incorporado en mi sistema nervioso central y mi soledad vital que me acompañarán en una muerte feliz, por el simple hecho de bajarme de un mundo al que no puedo parar.
BUENOS AIRES, 9 de junio de 2026.



