En este escrito trataré de resumir el proceso de mi vida que me ha conducido a tomar la escritura como una profesión.
La infancia la iniciamos cuando tomamos consciencia de lo que viene pasando a nuestro alrededor. En mi caso esto ocurrió durante un momento crítico, en el que yo estaba en brazos de mi adorado abuelo paterno, un español llamado Manuel, y abordo del trasatlántico “Almanzora”, cuando sonó, con gran estrépito, una orden por la cual los que no fueran pasajeros debían desembarcar por la planchada a tierra.
Mi abuelo me dio un beso, me entregó en brazos de mi madre y se fue hacia la planchada. Al percibir esta situación yo, que sólo tenía tres años, irrumpí en un llanto incontenible. Este fue el primer recuerdo de estar vivo que registro y su marca esta en mi memoria de manera indeleble. Se puso de manifiesto una sensibilidad emocional que he conservado durante toda mi vida y que es básica para cualquiera que por esas cosas de la vida pase a ser un escritor.
Los pasajeros éramos: mi madre Emma, mi padre Antonio, mi hermana Betty, nuestra niñera Rosa y yo.
Mi padre iba, con su familia, a cumplir una compleja misión, como oficial de marina maquinista, que le había asignado la Marina de Guerra de entonces, en base a sus competencias profesionales.
Luego de zarpar y, poco a poco, encaré los juegos infantiles junto con mi hermana Betty, por las cubiertas del buque.
Llegamos a Río de Janeiro y paseamos por esa ciudad. Todo hizo que yo, como niño, me pudiera adaptar a tantos cambios y olvidar lo pasado.


Llegamos al puerto de Génova y de allí fuimos a Augsburgo, en Alemania, donde mi padre iniciaba sus tareas en la Fábrica Man.
Primero sufrimos el invierno europeo y luego, ya estando en Ámsterdam (Holanda) y con nuestro padre en la fábrica Werkspoor, se produjo el comienzo de la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia por la Alemania de Hitler (a quien habíamos visto desde un balcón en las proximidades de la estación de trenes de Munich).
Comenzó la preocupación de nuestros padres, pues la cuestión seguiría con la invasión de Francia a través de Holanda y Bélgica.
Mi madre tuvo una resolución por sus hijos, se tomó un tren con la intención de llegar a España y Portugal y, desde Lisboa, embarcarnos hacia Argentina. Lo hizo con la autorización del Ministro de Marina a quien le había pedido el regreso con sus hijos. Pero no pudimos entrar a España por los problemas residuales del fin de su Guerra Civil.
Nos quedamos meses en Saint Jean de Luz, para poder pasar luego a Irún y de allí a Lisboa.
No sé como mi padre llegó allá para disuadirla y volver a Holanda, ella se negó y nos embarcamos en el transatlántico “Cabo de Buena Esperanza” para volver a Buenos Aires dejando a nuestro padre en el muelle.
Casi 70 años después relaté esta historia en forma de historia novelada, y conseguí una editorial para mi libro: “Juguetes propios y guerras ajenas”, esto lo hice al cumplir 75 años y en homenaje a mis padres.
Antes había escrito dos gruesos libros titulados SATÉLITES, tomo I y tomo II (1990 y 1991) y Hacia un pensamiento ecológicamente sustentable (1996). Estos tres libros están en la Biblioteca del Congreso de los EE.UU y se siguen comercializando en Europa. Pero mis dos libros más exitosos han sido: Comprender lo natural y Macroéticas para el Siglo XXI, que se venden en Europa y EE.UU a través de Amazon. Han sido editados en 10 idiomas a partir del año 2020.
Con el libro: Variables Ocultas y posibles acciones macroéticas, editado actualmente por la editorial ExLibric, pretendo aportar con respuestas concretas al planteamiento que hice hace seis años con mi libro Macroéticas para el Siglo XXI.
Tengo muy claro que en el mundo, pese a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), seguimos teniendo guerras que nos producen fundados temores en cuanto a que pueden transformarse en nucleares y que el uso de bombas de hidrógeno es como traer el poder del Sol a la Tierra para matar todas las formas de vida que hay en ella.
El hecho es que las naciones nunca han estado unidas. Todos los políticos han fallado históricamente en los niveles nacionales e internacionales. Me pregunto cómo podremos pedirles que asuman éticamente un nivel transnacional, transcultural y libre de guerras, cuando vienen gobernando sin cibernética, no reconocen sus errores y caen fácilmente en todas las formas de corrupción.
Pregunto: ¿Hay alguien en el mundo con capacidad de ser un magno estadista que ponga orden en nuestra casa a través de un gran esfuerzo macroético?
BUENOS AIRES, 8 de junio de 2026.



