Cómo escribir una obra de teatro: conviértete en el dramaturgo perfecto

Los mejores consejos para escribir una obra de teatro

Cuando se piensa en publicar un libro, siempre se piensa en poesía, novela, ensayo, etc. Sin embargo, hay multitud de géneros y que son practicados por diversos autores. Es el caso del teatro, esas historias narradas de forma especial en donde el diálogo es el que importa y en el que las descripciones se hacen pensando más en su representación que en la imaginación del lector.

Sabemos que entre los escritores que nos seguís existen multitud de dramaturgos en potencia. Por eso, si tu sueño es escribir una obra de teatro, te traemos algunos de los secretos que encierra el género. Déjate llevar por las musas de las tarimas, inspira el olor a telón y empieza a llenar páginas y páginas (tantas como necesites) con esa historia que todavía no ha visto la luz pero que el mundo necesita.

Desarrolla la historia

Aunque el teatro sea un género propio, comparte características con otros, como la novela. En este sentido te toca pensar en una narración que tenga los mismos elementos: presentación, nudo y desenlace. Piensa en dónde tendrá lugar, qué personajes van a participar en ella y desarrolla toda esta historia.

Antes de comenzar a escribir una obra de teatro tendrás que definir todos estos elementos, en especial a lo que caracterización de personajes se refiere. Eso sí, no te cierres en banda a nuevos cambios ya que a lo largo de todo este proceso habrá varios cambios (en todo proceso de redacción literaria los hay).

Define a los personajes

En este punto escribir una obra de teatro todavía se asemeja a la redacción de una novela. Si ya tienes la historia, es el momento de dar forma a los personajes que la protagonizarán. Partiendo de lo específico (los protagonistas), a lo general (secundarios e incluso los figurantes que habrá en escena). Esto último es especialmente importante.

Porque aunque no tomen partido en la escena y ni siquiera hablen, tendrás que pensar, al menos, en qué actitud tendrán mientras aparezcan. No dejes ningún cabo suelto, piensa que si esta se termina por representar, los actores solo tendrán tus páginas como referencia.

Piensa en escenas

Y es aquí en donde los caminos del género dramático y de la novela se separan. Si en esta última el papel es el que se encarga de desarrollar y poner en situación al lector, aquí será la escena. Por este motivo, las descripciones pasan a un segundo lugar (al menos no con tanta intensidad como en otro tipo de géneros). Simplemente da algunas pistas de cómo es el entorno.

Piensa en la puesta en escena y en que sean los diálogos y comportamientos de los protagonistas los que vayan desarrollando la historia que  vas a transmitir en tus páginas y que podría llegar a representarse sobre una tarima.

Trabaja los diálogos

Los diálogos deben que adaptarse al personaje, su perfil. Como te dijimos es importante que cada integrante de la historia esté bien definido, tanto su pasado, su contexto y características físicas y psicológicas.

Por ejemplo, si un personaje viene de una ciudad no hablará igual que uno que venga de un pueblo poco habitado en la montaña. De igual manera, ninguno se expresara de la misma forma que al redactar un documento importante, que es lo que se tiende a hacer. Hay que aportar un toque de naturalidad, para ello ahí va un pequeño truco: recita en voz alta, ¿te suena ridículo? ¿Sería una conversación que se ajusta a la normalidad?

Para este fin te recomendamos que eches un vistazo a Luces de bohemia, de Valle-Inclán, un buen ejemplo de cómo escribir una obra de teatro de manera que pueda dar las pistas perfectas  tanto para el lector como para los actores que lleguen a representarla.

¡La duración!

Otro factor en el que teatro y novela no se parecen en nada. El teatro tiene que ser representado, por lo que no puedes alargarte más allá de lo estrictamente necesario. Esto también va por los actos que incluyen la historia. Si te excedes demasiado en ellos puede que la atención del público no sea tal, o que incluso pierdan el hilo conductor.

De esta forma, además, le imprimirás ritmo a tu obra de teatro, consiguiendo que toda la historia que se está narrando a lo largo de la misma tenga ritmo.

Publicado en Blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *