Laberinto

Laberinto

El Canijo es delgado como la muerte, todo barba e hirsuta pelambrera, en sus tiempos estuvo muy solicitado como cantaor por los guitarristas y las bailaoras. Tenía un timbre profundo que arañaba desde las entrañas las intensas melodías de la soleá, sabía juguetear con las sensuales notas de la bulería y los arábigos rezos de la seguidilla. Hoy, por culpa de la heroína, es un desecho andante.

Le encontré tarareando unos versos flamencos: chiquita la novia, chiquito el novio, chiquita la cama de matrimonio, lucía una incongruente sonrisa, luminosa e inocente, como si esta le hubiera sido dibujada en la cara por error.

Sentado sobre un montón de los escombros que bordean ambos lados de la línea férrea que va a morir en la estación de San Bernardo, impulsado por una profunda pena carente de esperanza, me acerco sin quererlo. No quiero ser testigo del descenso a su laberinto de Minos, una hipnótica voluntad me retiene frente a él. Inmerso en el agobiante calor que requema el solitario escenario, presencio al Canijo ejecutar el ritual de abrir el trozo de papel de aluminio, verter sobre este el polvo amarronado, y con un canuto de cartón entre los labios, calentarlo con un encendedor hasta convertirlo en un caramelo marrón que serpentea líquido por la temblorosa superficie metálica e inhalar con el tubo el humo que desprende el polvo al quemarse.

Me mira sosegado con su amable sonrisa. —Estoy bien—, asevera.

Parece repasar nítidas escenas de frases y situaciones vividas, por su cara desfilan interpretados amaneceres adornados de naranjos cuajados de azahar, falsetas y seguidillas. En ese momento descubro con él que el tiempo es una falacia inventada por los mercaderes de vanidades. Comprendo que estas no le duelen, porque sabe que es el artífice de su creación, capaz de completar el círculo eterno a voluntad, porque es capaz de dibujar mundos tan reales como improbables.

El sol ha desistido, casi ha desaparecido, el Canijo está llorando, las lágrimas se funden con el sudor que le empapa la cara, está oscureciendo, como puede se incorpora, desentumece las piernas haciendo ridículos estiramientos… decide ir a buscar unas cervezas y comienza a moverse en esa versión de su vida que intenta sin éxito eludir…

Fue en Sevilla.

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