Con los pies en el cielo (II Parte)

Segunda parte del relato de Laura Losada 'Con los pies en el cielo'

Salí de la vida de Él por motivos ajenos a mí, te puedo asegurar que no quería marcharme, es aquello que me mantiene con vida  ¿Cómo iba a querer irme de allí?

Si prestaste atención a mi presentación anterior sabrás ya quién soy, aunque no tenga nombre. Sabrás ya lo que hago, aunque no sepas muy bien por qué.

Sé todos los miedos, y te contaré todos uno por uno, a partir de ahora soy tu nuevo mejor amigo, el que guiará las historias terroríficas que aquí se cuenten, así que tengo que saber todos los miedos del mundo, aquellos que son tontos y aquellos que nos paralizan, los tengo que saber para poder hacer bien mi trabajo, (no me estaría presentando aquí, ante ti querido lector, sino fuera un trabajador ejemplar y bien informado)

¿Qué cual era el de Él? Las alturas. Supongo que ahora te estarás preguntando una cosa, si salí de la vida de Él porque lo hice saltar al vacío o porque perdió el miedo que me tenía, bueno, no suelo desaparecer nunca por completo, tú mejor que nadie deberías saberlo, pues ahora mismo estoy oprimiendo tu corazón por algo, estas muerto de miedo y bloqueado por algo, (no sabría decirte qué sin conocerte mejor) y ni siquiera eres consciente de ello. 

Empecemos pues, sin más dilación, con la historia que da sentido a «tener los pies en el cielo» 

No mires abajo, no hay nada que te sostenga. Solo un vacío inmenso y una caída mortal. Mira hacia abajo, sentirás el corazón palpitar ¿ves la caída? nadie te va a salvar. Grita cuanto quieras, solo el suelo te detendrá, y cuando llegues a él, estará sentenciado tu final. 

Lo acosé día y noche, cualquier vacío por pequeño que fuera le hacía temblar, pues yo susurraba estas palabras en su  mente sin cesar, y la imaginación hacia el resto, se veía roto, se veía caer y gritar sin cesar, pero nunca llegaba al final, una caída eterna a un vacío inexistente. No podía subir más de unos metros del suelo sin sentir esas nauseas y ese impulso de llorar como un bebe asustado. 

Y como un bobo decidió plantarme cara, decidió subirse al lugar más elevado posible y sentarse allí, con los pies mirando al vacío. Subía mientras yo le gritaba cada vez más fuerte todas las cosas horribles que se me ocurrían y mientras obligaba a su imaginación a pensar en las peores sensaciones posibles, pero él seguía, empeñado en intentar ganarme en mi propio juego.

Llegó hasta arriba y se sentó, tal y como tenía pensado con los pies mirando hacia el vacío y esperó, yo grité, pero al ver que nada ocurría, los latidos de su corazón se volvieron más lentos y yo más pequeña. Podría haberlo empujado, pero yo no era la muerte, ese no era mi deber. Salía poco a poco del corazón de él sin poder hacer nada. cuando quiso levantarse de allí yo ya no era una voz en su cabeza, sino la que caía por el precipicio.

Había perdido aquella batalla y él había sabido mantener los pies en el cielo, pero os puedo asegurar, que la próxima historia tendrá un final más feliz, al menos para mí.

Adiós queridos amigos, nos vemos en tu próxima pesadilla.

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