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CARTA A LIDIA 1ª parte (¿Jugamos a Princesas?)

Querida Lidia:

Hace tiempo no me pongo en contacto contigo, pero en este momento de paz en mi vida tengo la necesidad de explicarte lo que has significado en mi vida.

No te puedes imaginar lo que tuve que suplicar para que fueras concebida, ya que tu padre con tu hermano mayor ya tenía suficiente, pero mi deseo era tener una hija y por fin llegó el momento, pero…iré más despacio.

Tenía un retraso de una semana, yo soy muy puntual para las menstruaciones y empecé a notar que algo en mi interior me indicaba ya estabas en camino, Aquel mismo día fui a comprar la prueba de embarazo, a las cinco de la mañana y sin poder dormir me levante cogí la caja introduje el palito en la primera orina de la mañana y ante mi asombro el color daba negativo, no me di por rendida decidí ir al ginecólogo para salir de dudas, en aquella época se hacía la famosa prueba de la rana, después de esperar varios días, seguías estando de incognito pues tu presencia no se hacía tampoco presente en ese test de embarazo y según la farmacia volvía a ser de nuevo negativo.

A todo esto mis pechos iban creciendo y padecía de nauseas matutinas, lo cual yo sabía que tú estabas dentro mío (a pesar de querer seguir jugando al escondite). El médico como siempre tan teórico, decidió darme unas pastillas para provocarme la menstruación ya que según él, era un retraso debido al estrés, pero tenías tantas ganas de venir al mundo que ninguna pastilla podía desprenderte de ese rinconcito tan acogedor que te habías creado.

Como toda madre yo sabía que ese pequeño corazoncito estaba latiendo dentro de mí y decidí cambiar de médico, por supuesto en la ecografía pude ver tu carita, bueno….es un decir, eras una habita pequeña toda cabeza pero eras mi niña tan deseada.

En mi cara a partir de entonces se veía reflejada la felicidad, tu hermano mayor empezó a hacerse a la idea de no ser el centro de atención en la casa y fui enseñándole a través de mi barriga poco a poco como crecías. Te oía cuando ponía su orejita cerca del ombligo y cuando le dabas pataditas para que supiera estabas dentro.

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