A veces una novela no empieza con una gran idea, sino con un lugar.
Vientos de pólvora nació caminando por calles que ya no existen igual, imaginando plazas, casas y edificios que fueron escenario de una vida cotidiana interrumpida por la guerra.
No quise escribir una historia de ejércitos ni de grandes batallas, sino una novela sobre personas corrientes, sobre cómo cambia todo cuando el conflicto se cuela en lo doméstico, en los afectos y en las decisiones pequeñas.
Escribirla ha sido una forma de escuchar a esos personajes y dejarles espacio, sin prisas y sin ruido, para que la historia respirara.
Esta semana empezaré a presentar la novela en bibliotecas y espacios culturales. Me apetece compartir este camino con calma, como se cuentan las cosas que importan.
Gracias por estar al otro lado.
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Imagen: Dibujo de la calle del Coso. Juan Gálvez. Museo Lázaro Galdiano.



