Del latín paradigma y este del griego paradeigma, cuyo significado etimológico es “molde, modelo o patrón”, que son un conjunto de creencias, valores, supuestos compartidos o técnicas de procedimiento asumidas por un colectivo social, grupo de personas o comunidad científica.
Que aceptan sin cuestionarse como referentes como base o prototipo de procedimiento para resolver problemas, avanzar en el conocimiento, coordinar nuestras acciones o estructurar las sociedades en las que vivimos
Hablar de ello viene al hilo porque, al margen de ese nuevo orden mundial que se está configurando aceleradamente desde la llegada de Donal Trump a su segundo mandato a la presidencia de EEUU, ese nuevo orden mundial está no solo caracterizado por el desafío de otras potencias emergentes que le disputan esa hegemonía que viene ostentando EEUU desde hace tiempo, una hegemonía que está hoy viéndose erosionada por el auge de esas potencias emergentes.
Si no, porque también ese nuevo orden mundial está caracterizado por la imposición de la fuerza, sin apenas ser cuestionado, que se encamina a un escenario mundial multipolar, fragmentado en zonas de influencia, marcado por la política imperialista y la lucha por los recursos disponibles, que obviamente debilita el orden liberal que parecía consolidado, igual que se caracteriza porque, evidentemente, van en detrimento, menoscabo y desprecio por un pilar fundamental de ese orden mundial que nos habíamos otorgado e impuesto a sí mismos al final de la segunda guerra mundial, en 1945, como es el derecho internacional.
Un derecho que se consolidó en siglos anteriores, S. XVI, S. XVII, pero, tras la creación de las Naciones Unidas “ONU”, en una reunión mantenida en San Francisco por los representantes de 50 países entre el 25 de abril y el 26 de junio de 1945, y tras la Declaración Universal de los Derechos Humanos, fueron hitos fundamentales para la estructura moderna de ese derecho internacional.
Pero, sin duda alguna, ese nuevo orden mundial se caracteriza también por algo tan evidente como el resurgir de viejos paradigmas, como los que representan la imposición de la fuerza y las políticas imperialistas.
Y viene al hilo hablar de ello especialmente porque poco o casi nada se habla de otros problemas de repercusión mundial que nos acechan peligrosamente y que parecen que quieren ser ignorados o silenciados deliberadamente, o simplemente ser combatidos y utilizados como arma política en la negación.
Como son el cambio climático, la extinción de especies o el agotamiento de recursos naturales o materia prima, que sin duda tendrán un gran impacto a nivel mundial, como ya se atisba en el horizonte.
O las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, que, entre otros desequilibrios, amenaza con sustituir millones de empleos, lo que precisará de una respuesta social decidida.
O la enorme disparidad de rentas y concentración de la riqueza que viene gestándose desde hace tiempo, que pueden llegar a grandes desequilibrios e inestabilidad social.
Grandes retos estos que no se resolverán en base a viejos paradigmas, como referente de procedimiento, como los que representan la imposición de la fuerza y las políticas imperialistas.
Si no con otros paradigmas como referente o prototipo de procedimiento ante la realidad tangible.
Como pueden ser la cooperación, la colaboración, la reciprocidad y la confianza mutua entre gobiernos y las diferentes administraciones o centros de poder con capacidad de tomar decisiones, junto a la firme voluntad de tomar decisiones eficaces ante esa realidad. Por qué, finalmente, como especie y como proyecto de vida, tenemos el mismo proyecto vital.
Paradigmas como referente y prototipo de procedimiento, estos últimos, que paradójicamente son antiquísimos, porque, como todo indica, era una práctica común para nuestros más remotos ancestros, que les permitió sobrevivir en entornos y medios hostiles y llegar hasta aquí como especie.
Prácticas hoy olvidadas en un mundo tan competitivo e individualista.
Y bien, al hilo, como decíamos, hablar de nuevos paradigmas como referente de procedimiento ante el auge de entidades políticas de la derecha más ultraconservadora y ultraliberal.
Por qué fue desde nuevos paradigmas como referente de procedimientos en materia de políticas fiscales y políticas en gasto social como fue posible que cristalizara, a partir de 1945, el estado social que hoy disfrutamos en Europa, la mejor etapa de la historia jamás vivida en el viejo continente.
Una Europa, por cierto, puesta hoy en el punto de mira de algunas potencias.
Igual que se la observa con capacidad de respuesta como Unión Europea, pero titubeante, impasible, indecisa y sin valorar lo que representa en un mundo cambiante que camina a contracorriente de esos valores que representa.
Pero dicho esto, nuevos paradigmas, estos últimos referidos como referente o prototipo de procedimiento, que por el propio espacio sociológico en donde se fraguaron las respectivas entidades políticas que nos representan, por definición, son paradigmas y referentes de procedimiento que, evidentemente, impulsaron y defendieron entidades políticas de signo progresista, que en la práctica fueron decisivas en la creación del estado que hoy llamamos social o del bienestar en Europa, igual que son estas entidades más sensibles y proclives a desarrollar políticas de protección medioambientales.
Contrariamente, como es obvio, a las entidades políticas de signo ultraconservadoras o ultraliberales, que, por el propio espacio sociológico donde se fraguaron y representan, por definición, abogan por viejos paradigmas como modelo y referente de procedimiento en materia de políticas fiscales y gasto en políticas sociales, como se está viendo en algunos países que gobiernan, apostando decididamente, sin ambages, por minimizar las políticas fiscales, el Estado y eliminar el estado social.
Igual que niegan o se resisten a desarrollar políticas de protección medioambientales.
Como solemos decir, sólo es una reflexión, sólo eso, que cada cual saque sus propias conclusiones.



