Las incendiarias palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, afirmando que Europa ya no puede ser la guardiana del orden del viejo mundo —un mundo que ha desaparecido y que no volverá. Añadía que no debería derramarse ni una sola lágrima por el régimen iraní, porque ha infringido muerte y represión a su propio pueblo y ha patrocinado actos de terrorismo. Decía también, entre otras cosas, que debemos determinar si el sistema que hemos construido, con todos sus intentos bienintencionados de consenso y compromiso, es más una ayuda o un obstáculo para nuestra credibilidad como actor geopolítico. Se que es un mensaje duro de escuchar y una conversación difícil la que tenemos por delante.
Dando con ello por acabado el orden mundial basado en reglas, o al menos eso es lo que se desprende de esas duras palabras, justificando con esas palabras a la vez el ataque lanzado por EE. UU. e Israel contra Irán, provocando con ello esta guerra. Como era previsible, esas declaraciones desataron críticas muy duras en mucha gente, incluidos altos cargos políticos de la Unión Europea, además de numerosas y diversas opiniones que la hicieron recular y rectificar, desdiciéndose de lo dicho en 48 horas.
Diciendo que ver el mundo como es no disminuye en absoluto la determinación de luchar por el mundo que queremos. Recordó que la Unión Europea se fundó como un proyecto de paz y reiteró que la UE siempre defenderá los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional.
Unas reglas, unas leyes y unos derechos, siempre interrelacionados con la democracia y el Estado de derecho dicho sea de paso para recordarle a la presidenta de la comisión europea, que hicieron posible el mayor período de paz, prosperidad y bienestar social jamás vivido en la dilatada y convulsa historia de la vieja Europa occidental.
Pero, dicho esto, y centrándonos en la cuestión que consideramos relevante destacar en nuestra opinión al traer este asunto a debate. Esas duras declaraciones de Úrsula von der leyen desataron como decíamos criticas muy duras igual que opiniones diversas, como las que se pudieron escuchar en una de tantas tertulias televisivas con todo su poder mediático. En la que se decía para qué queremos reglas o normas si después no se cumplen, o no se pueden hacer cumplir, o es que acaso hay que invadir un país e imponer por la fuerza el cumplimiento de esas reglas leyes o principios.
Pero ya en primer lugar no podemos olvidar que la ausencia de reglas, normas, leyes y derechos solo puede llevar a que prevalezca la ley del más fuerte, la ley de la selva o simplemente la barbarie, tantas veces recordado por muchos. Por otra parte, Y lo que consideramos más relevante es que esas reglas o normas leyes y derechos son principios elementales que como tales principios deben prevalecer y regular las relaciones de todo tipo entre los diferentes pueblos y culturas y no pueden ni deben imponerse por la fuerza, porque obviamente eso es inviable. Sino que deben respetarse y cumplirse por motus proprio, es decir, por iniciativa propia, porque es lo mínimo que nos debemos a nosotros mismos como especie humana, y porque son precisamente esos valores y principios los que nos hacen únicos como especie.
Y esto es especialmente destacable porque, aun sabiendo del quebranto de esas reglas o normas leyes y derechos en tantos lugares a lo largo y ancho del mundo, han sido dos democracias las que las han quebrantado esos principios
Siendo esos mismos valores y principios la base y los fundamentos mismos de las democracias liberales y del Estado de derecho occidental. Siendo, además, una de esas democracias, EE. UU. uno de los países impulsores y teniendo un protagonismo destacado como creador y firmante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), en 1945 y 1948 respectivamente.
Y es destacable como decíamos porque han sido precisamente dos democracias de entre las mejores armadas militarmente del mundo las que han lanzado los primeros ataques contra Irán, rompiendo también con el viejo relato de “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Como recordaba una vieja conocida del ala más conservadora de la derecha de nuestro país y del PP madrileño. Porque han provocado una guerra, sin contar ni tan siquiera con el aval del Congreso de EE. UU. En el caso de este país, además, de innecesaria como han afirmado muchas voces autorizadas, incluido un alto cargo del Gobierno de EEUU ya dimitido, afirmando que Irán no representaba ninguna amenaza para EEUU. También como han afirmado otras autoridades responsables respecto de las negociaciones para detener el desarrollo de armas nucleares en este país aseguraban que iban por buenos derroteros.
Una guerra en definitiva en la que evidentemente no brilla ningún plan explicito por democratizar este país ni defender los derechos humanos, sino otros intereses sobradamente conocidos: económicos, estratégicos o por mantener la hegemonía mundial. Una guerra apoyada por muchos, como aquí en nuestro país, apoyada por la derecha más conservadora, que camino ya de cuatro semanas de su inicio, sigue escalando peligrosamente con todas sus consecuencias: pérdida de vidas humanas, destrucción, inflación, carestía de la vida y una economía que amenaza con desestabilizar prácticamente el mundo entero.
Como solemos decir, solo es una reflexión, solo eso. Que cada cual saque sus propias conclusiones.


