Soy Vicenta Urios Mollá. Nací en Albalat dels Sorells hace sesenta y nueve años en una noche de Reyes, el 5 de enero de 1957. Tengo dos hijas y cuatro nietos. Mi infancia fue muy feliz, pero no tuve juventud y hasta hace unos años tampoco he podido disfrutar de la vida. Mi madre murió con cincuenta años y me tuve que encargar de la casa y la familia. Pertenezco a una generación en que las chicas no podíamos estudiar, solo podían hacerlo los chicos. Yo tenía un sueño que no pude realizar en su momento. Crie a mi hermano pequeño y, pasado un tiempo, él estudió dos carreras.
También tuve que cuidar a mi padre, que padeció un cáncer. En Valencia las universidades están justo al lado del hospital, en la misma avenida, por lo que, estando él ingresado, sin decir nada a nadie, pasé y me matriculé en la Facultad de Psicología. Durante el tiempo que estuve en oncología con mi padre, me saqué la carrera en cinco años, como todos los demás. Yo era la mayor de toda la facultad, pero tenía la ventaja de no tener vergüenza, por lo que cuando no entendía algo levantaba la mano y preguntaba; eso si podía ir a clase. Si no podía acudir, estudiaba con apuntes por la noche, en la habitación, mientras cuidaba a mi padre.
Lo mejor que he podido hacer en mi vida fue cuando, a los treinta años, decidí empezar a cumplir mi sueño. Poder terminarlo, y además sin repetir ningún curso, fue el mejor regalo que pude tener.