Aunque hoy su nombre resulta desconocido para muchas personas, los turmogos fueron uno de los pueblos prerromanos que habitaron el territorio de la actual provincia de Burgos y parte de Palencia entre el siglo IV y I a. de C. Recuperar su memoria es uno de los puntos de partida de mi novela histórica Rendirse o morir.
Un pueblo entre los grandes nombres de la historia antigua
Cuando pensamos en la Hispania anterior a la conquista romana, suelen venirnos a la cabeza los celtíberos, los vacceos, los cántabros o los astures. Sin embargo, el mosaico de pueblos que habitaba la península era mucho más complejo.
En ese mundo se encontraban los turmogos, también conocidos como turmódigos, cuyo territorio se situaba en buena parte de la actual provincia de Burgos y alcanzaba zonas de Palencia. Su historia forma parte de ese pasado prerromano que todavía hoy plantea preguntas y despierta el interés de quienes desean conocer mejor los orígenes de nuestras tierras.
Reconstruir su mundo no es sencillo. Las fuentes antiguas son limitadas y buena parte de nuestro conocimiento procede de referencias escritas, estudios históricos y evidencias arqueológicas. Por eso, acercarse a los turmogos exige distinguir entre lo que sabemos, lo que podemos interpretar y aquello que la imaginación de un novelista puede recrear.
Precisamente ahí nace el desafío de escribir una novela histórica sobre un pueblo del que no conservamos un relato completo contado desde su propia perspectiva.
Cuando Roma avanzó sobre Hispania
La expansión romana transformó profundamente la península ibérica. La guerra, la reorganización del territorio, la incorporación a las estructuras políticas y económicas de Roma y los cambios culturales alteraron la vida de las comunidades indígenas.
Detrás de las fechas, las campañas militares y los nombres de los generales hubo personas que tuvieron que enfrentarse a decisiones difíciles: resistir, huir, adaptarse o aceptar un nuevo poder.
¿Qué significaba perder la libertad cuando la guerra llegaba hasta tu hogar? ¿Qué ocurría con las tradiciones de una comunidad cuando sus formas de vida comenzaban a desaparecer? ¿Cómo podía alguien conservar la memoria de su pueblo cuando el mundo que conocía se desmoronaba?
La historia nos ofrece datos y acontecimientos, pero la novela histórica permite explorar las emociones humanas que pudieron acompañarlos, siempre que distingamos la recreación literaria de los hechos documentados.
Kankivs, el último rey turmogo libre
Estas preguntas están en el corazón de Rendirse o morir, mi novela histórica.
Su protagonista es Kankivs, un personaje de ficción construido para dar voz a un mundo marcado por la conquista romana. A través de su experiencia, el lector se adentra en una historia de resistencia, lealtad, amor, traición y supervivencia.
Kankivs no representa una biografía histórica documentada. Es el protagonista mediante el que he querido imaginar los dilemas de un hombre que lucha por conservar su libertad y mantener vivo el recuerdo de su pueblo.
En la novela, el pasado no aparece como una sucesión de batallas aisladas. Es también una historia de relaciones humanas, de heridas que perduran y de decisiones cuyo precio puede acompañar a una persona durante toda su vida.
Porque una conquista no termina necesariamente cuando acaba una batalla. Sus consecuencias pueden prolongarse en la memoria de quienes la vivieron y de quienes heredan sus relatos.
La memoria de los pueblos olvidados
Escribir sobre los turmogos supone aceptar un reto: acercarse a un pueblo del que sabemos menos de lo que nos gustaría y hacerlo sin confundir los vacíos de la historia con certezas inventadas.
La documentación histórica establece el marco; la imaginación literaria permite construir personajes, conflictos y experiencias posibles dentro de ese marco. Para mí, la novela histórica encuentra su sentido cuando ambas dimensiones dialogan y el lector puede disfrutar de la narración sin perder de vista la diferencia entre historia y ficción.
Con Rendirse o morir he querido despertar la curiosidad por los turmogos y por la Hispania que existía antes de que Roma impusiera su dominio sobre buena parte de la península. También he querido recordar que detrás de los pueblos que apenas aparecen en los grandes relatos hubo seres humanos con afectos, miedos, esperanzas y voluntad de sobrevivir.
Quizá no podamos recuperar todas sus voces. Pero sí podemos preguntarnos quiénes fueron, dónde vivieron y qué huellas dejaron.
Y, a veces, una novela es una manera de comenzar esa búsqueda.
¿Te gustaría descubrir a los turmogos a través de una historia de resistencia y libertad?
Te invito a adentrarte en Rendirse o morir y acompañar a Kankivs en una aventura ambientada en la Hispania de la conquista romana.



