Junto al termino humano, con el que nos identificamos como especie. La otra cualidad con la que nos identificamos y autodefinimos a sí mismos es seres inteligentes, la más inteligente de cuantas criaturas habitan en este planeta, considerada la facultad básica y fundamental de nuestra especie. Hablando de proceder o de actuar inteligentemente o de ser inteligentes ante las eventualidades y la realidad de la vida. Sin duda alguna, la inteligencia, y en particular la inteligencia humana con la que nos definimos o nos define como especie, ha sido una de nuestras cualidades que más se ha debatido y escrito desde siempre.
Aunque la inteligencia en general, y evidentemente también la inteligencia humana ha sido y sigue siendo considerada por las teorías más pragmáticas y materialistas, así como por algunas teorías filosóficas o por la propia ciencia, una función o facultad evolutiva, ósea una adaptación evolutiva compleja y multifactorial moldeada por la selección natural a lo largo de millones de años, para resolver problemas de supervivencia, problemas provocados por cambios improvistos en el entorno o medio natural o de reproducción.
Pero observado desde otro plano, nos suscita a preguntarnos que interrelación existe entre una inteligencia entendida como un complejo mecanismo biológico evolutivo. Con una inteligencia comprendida en términos humanos, ósea la razón humana, el concepto mismo de humanidad, la propia conciencia humana y los valores que encarnamos. Que son propiedades que caracterizan la esencia misma de la naturaleza del ser humano. Ya el significado etimológico de inteligencia, saber escoger, que proviene del latín intelligentia y este a su vez deriva tambien del término latino inteligere, habla por sí solo de un ser como nosotros. Porque es obvio que no procedemos ni nos guiamos únicamente por aquello que percibimos mediado por los sentidos, o por los instintos o las emociones más primarias, o por las necesidades y deseos más primarios. Que podría considerarse elemental planteada a si la inteligencia, como un complejo mecanismo biológico impulsado por la evolucion, cuyos rasgos más característicos y específicos son la adaptación al medio, con el imperativo y finalidad de preservar la supervivencia de las especies, desde un principio básico y elemental de aquello que benéfica o perjudica dicha supervivencia o de los propios individuos. Porque es evidente que procedemos y nos guiamos también desde nuestra consciencia. Que es el conocimiento inmediato o espontaneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones, de su conciencia moral, principios y valores, que son finalmente los que nos definen y hacen únicos como especie.
Por ello, en nuestra opinión, la inteligencia y en particular la inteligencia humana, no hace pensar únicamente en un complejo mecanismo biológico impulsado por la evolucion, y evolucionado básicamente en relación con los problemas que tuvimos o hubieron de afrontar, especializarse y resolver nuestros ancestros más remotos. De alimentación, de procreación, de protección, de desplazamiento, competencia entre individuos o grupos, en definitiva, de supervivencia. En lo que nada hay en esto último de relación con todo aquello que nos hace únicos como especie. E incluso otras muchas especies, que además de ser capaces de adaptarse a otros entornos. De improvisar, aprender y desarrollar otras técnicas ajenas a las experiencias de sus primitivos entornos o medios naturales. Son capaces de algo tan singular, como sentir empatía, emociones, afecto, lo que habla no solo de inteligencia sino de una propiedad intrínseca, de algo que es consustancial y de la misma esencia y sustancia que la vida.
No hay duda en nuestra opinión, que la inteligencia tiene otra dimensión, y particularmente en nuestro caso tiene dimensión humana. Porque nos hace pensar, en un proceso biológico impulsado por la evolucion, relacionado únicamente con una realidad externa y problemas concretos que nuestros ancestro más remotos debían resolver o podemos resolver hoy. Desde una concepción elemental básica y puramente materialista de aquello que beneficia o perjudica a la supervivencia de la especie o de los individuos. Porque la inteligencia entendida en términos humanos es la consciencia como propiedad que nos permite proceder desde nuestra conciencia en valores. Como la integridad moral, la responsabilidad, el compromiso, el altruismo, la generosidad, la empatía, o la concepción que tenemos del bien y del mal o de lo que es justo o injusto, o el propio desarrollo intelectual. Propiedades estas que no han podido tener su origen ni gestarse en las entrañas mismas de las interrelaciones que son propias de un mecanismo biológico evolucionado para resolver problemas de supervivencia, porque evidentemente no existe ninguna interrelación funcional lógica. Porque como propiedades que conforman nuestra inteligencia, son anteriores, superiores, universales e indisociables de la naturaleza y esencia humana. O, dicho de otra manera, somos consciencia antes de ser inteligentes o ser otra cosa, permitiéndonos proceder en plena conciencia de los valores que nos definen como especie y hacen únicos.
Es evidente que no somos solo seres inteligentes en ese sentido biológico evolutivo, sino tambien racionales y humanos. Será por ello, que la inteligencia no es solo resolver problemas de supervivencia, experiencia, capacidad analítica, interpretación de datos, diseñar y desarrollar sofisticadas tecnología, extraer conclusiones o decisiones puramente pragmáticas, por ejemplo. Si no, aunque hoy este fuera de lugar en nuestro mundo actual, tambien es proceder en conciencia desde los valores y propiedades que nos han hecho y hacen únicos como especie.
Porque como decíamos, observado desde otro plano se puede valorar, que el talento o la genialidad que poseen algunos individuos de nuestra especie o la propia ciencia como máxima expresión de la inteligencia humana, solo son el medio no el fin en sí mismo. Será por ello, que es finalmente la razón la que puede poner en cuestión o cuestionar a la inteligencia y no al contrario, algo que parece estar gravado en la teoría holística.
Porque respecto de esta teoría, Aristóteles decía que el todo es mayor que la suma de las partes. Ya, en la antigua Grecia, el holos un término del griego antiguo, tenía el significado de la totalidad el entero. De lo que se deriva el terminó holismo o teoría holística, que se reafirma en la concepción de cada realidad como un todo, distinto de la suma de las partes que lo componen. Una teoría desarrollada en 1926 por Jan Christiaan Smuts. Que postula que los sistemas físicos, bilógicos, sociales, económicos, mentales, lingüísticos, etc., y sus propiedades deben ser analizadas en su conjunto y no solo a través de la partes que lo componen. Porque el todo se comporta de modo distinto a la suma de las partes que lo componen. O, dicho de otra manera y como nos dice la teoría holística, el todo organizado coordinado, es lo que permite distinguir y comprender las propiedades de las partes y no las partes al todo.
Llegado hasta aquí, cae por su propio peso, que la inteligencia humana como sistema mental complejo y considerada nuestra facultad básica y fundamental ha de proceder en su conjunto. Porque como sostenemos, desde nuestra propia consciencia, la inteligencia humana no puede entenderse como una función o facultad evolutiva que ha evolucionado para resolver problemas de supervivencia, separada e independientemente de las propiedades que nos definen y hacen únicos como especie. Porque desde la facultad humana que nos otorga nuestra consciencia no podemos eludir proceder, a no ser que sea deliberada y conscientemente, desde los contenidos o propiedades que la conforman. Porque es por ello precisamente, que procediendo en su conjunto como una misma entidad desde todos los contenidos o propiedades que la conforman, es la razón finalmente la que pude poner en cuestión y cuestionar a la inteligencia y no al contrario, porque finalmente la inteligencia humana no puede ser diferente del sentido común o de nuestra propia razón, porque sin la razón la línea entre la inteligencia y la astucia se hace muy delgada.
Y se hace una línea muy delgada, porque efectivamente, la astucia implica actuar con engaño, argucia, manipulación egoísta, con artimañas, picardía, o de manera inmoral, ventajista y cortoplacista, igual que es proceder con habilidad y agudeza, o de manera ingeniosa y previsora con el fin de lograr un objetivo o propósito, o para evitar caer en el engaño o de evitar un peligro o situación comprometida. Por ello, la astucia es una conducta o actitud que se ha relacionado desde siempre con la de ciertos animales. Por el peculiar modo de proceder en tales circunstancias o situaciones. A la hora de conseguir su alimento, eludir un peligro o situación comprometida para su seguridad, pero, en cualquier caso, y en el caso del animal es inteligencia, saber escoger. Porque el contenido inmoral que tiene esta conducta solo puede estar delimitado por la conciencia, los valores la moral y ética humana.
Pero a diferencia de esta conducta, la inteligencia humana procediendo en su conjunto como un todo y desde todos los contenidos o propiedades que la conforman, sin duda alguna, es o tiene otra perspectiva y propósito de futuro como proyecto social, por ejemplo. Como puede ser una economía sostenible en el tiempo, decisiones ecuánimes y objetivas, proporcionalidad, equidad o dar paso a esa necesidad que sentimos de aplicar e imponer justicia. Porque la vida humana tiene un sentido y propósito mucho mayor que el cortoplacismo ventajista que caracteriza por lo general la astucia como proceder. Y se hace una línea muy delgada, porque evidentemente en ausencia de esos valores que nos caracterizan y definen como especie, la pregunta es, ¿si nuestra actitud o proceder y muchas de nuestras decisiones y acciones es inteligencia o astucia? Porque no hace falta ser muy agudo y sagaz o un experto analista político. Para observar y analizar de entre los diversos frentes abiertos que tenemos a nivel global, por ejemplo, la falta de previsión o de medidas correctoras que contrarresten o prevengan el impacto que estamos provocando sobre los ecosistemas y medio natural o sobre los mares y océanos. Especialmente por el frenesí consumista que genera la actividad de nuestro modelo económico. O la falta de medidas previsoras que equilibren, ante la incertidumbre que está provocando el rápido desarrollo de algunas tecnologías como la “IA” inteligencia artificial, por ejemplo, con todo su enorme potencial concentrado en muy pocas manos, los llamados tecno – oligarcas, por el enorme y desequilibrante poder que les otorga, o les puede otorgar. Una manera de proceder ventajista y claramente cortoplacista, que obviamente por la envergadura del impacto que pueden tener a nivel global, más tarde o más temprano nos explotara en las manos, una realidad que habla por sí sola de astucia y no de la inteligencia humana.
Como solemos decir, que cada cual saque sus propias conclusiones.



