No se necesita tanto para agradecer.
Cuando estés en familia párate un instante, a ese yo que da por hecho, y respira bien hondo, que llegue dentro. Ralentiza esa respiración y sin dejar tu presencia en ella mira alrededor, como si vieras una escena de algo ajeno a ti. Observa las caras, el sonido de fondo, las risas que atrapes, las palabras que llegan y marchan. Prueba lo que estés comiendo, un potaje, un puchero, alcauciles con arroz, pruébalo y busca la pizca de especias que lo ha sazonado, las manos que lo han elaborado. En ese momento visualízate en un futuro donde nadie de los presentes habita ya la realidad, viendo tu reflejo comer solo, cuando ya no estén. Solo eso, si comprendes esa sensación el próximo bocado reestructurara tu paladar, no habrá exquisito manjar que pueda deleitarte más que cada cucharada que das.
No se necesita tanto para amar.
Es la manía de acaparar el amor con hacerlo, será eso de «hacer el amor» que me lleva las definiciones a relacionarlo, aún así me sirve. La estoy acariciando, ella me besa, por su respiración se que la razón duerme y el instinto es pura vigilia, quiero más y froto su lencería hasta que lo húmedo trascala su piel con la mía. Me dispongo a entrar, tan lejos como me deja llegar, afortunado de llegar donde solo ella misma alcanza, confesándome que cuando lo hace sola no cabalga a lomos del instinto feroz como cuando estamos juntos. Nuestras razones han apagado el sentido común, ahora que somos más un nosotros que un tú o un yo, solo así poder bailar al unísono el piano de las carnes. Por un instante he vuelto a frenar para tomar aire, he querido parar a mirar y reflexionar un segundo, con la coherencia pausada enredada entre las pieles. Se de un lugar al entrar, donde decidimos de mutuo acuerdo matar el presente común, asesinando la realidad dualista que a diario nos aborda. Escapar de aquí conectados y viajar donde no se puede explicar. En ella se de un lugar donde brotan las flores, puede que al rinconcito cuadrado que llaman amor. Algún día seremos fruto de la inexistencia , en breve periodo de tiempo fragmentos de una eternidad que fue. Pero ahora somos, y no hay nada existente que pueda pagar esa infinita riqueza que siento cuando no se distinguir nuestros alientos.
No se necesita tanto para soñar.
Puede que la felicidad sea un momento, una ilusión, ese porque que inventa mil y un como. A veces un sueño, aunque soñar no es solo dormir. Porque ya lo decían aquellos dichos: «no hay mejor almohada que una conciencia tranquila, o la vida es sueño», y se vive despierto, para eso hace falta soñar.
Soñar. Y soñar, soñar, soñar, soñar… que de eso haya un rato.



