La isla de Lanzarote, que pertenece al archipiélago de Canarias, ha inspirado dos de mis obras: una escrita en lengua italiana (Corpora Mundi, Giovane Holden Edizioni, Viareggio 2021), y la segunda en español (El perro viaja conmigo, ExLibric, Antequera 2024). La isla ha supuesto un viraje muy significativo en mi experiencia literaria como escritor. En efecto, El perro viaja conmigo inaugura un nuevo recorrido creativo en lengua castellana, tal como ya expliqué en otro artículo publicado en este blog de autores titulado ¿Puede un autor elegir el idioma para su escritura?
Lanzarote fue para mí un descubrimiento inesperado, cuando comencé a viajar a Canarias, en un momento crucial de mi vida. Conmigo viajaba, además de mi esposa, un perrito, una mascota extraordinaria que me permitió comprender de manera muy concreta qué significan conceptos como impedimento, exclusión y obstáculo. Su presencia en Lanzarote me impulsó a buscar lugares y caminos, por los que él pudiera transitar libremente, sin correa.
“Vacaciones en Charco del Palo” se titula el capítulo de la novela El perro viaja conmigo en el que describo este lugar encantador de Lanzarote. A continuación, reproduzco unas líneas del pasaje correspondiente a la página 35: “Charco del Palo es un sitio más desértico; el pueblo, muy sugerente, es pequeño y tiene viviendas que destacan del negro de la roja volcánica, al ser blancas. Desde Guatiza hacia Arieta son kilómetros de roca y arena y el océano Atlántico con olas espumosas e imponentes, que se quiebran en contra de orillas, se levanta sobre un paisaje lunar. Es naturaleza primitiva e impoluta.”
Mi estancia en Charco del Palo fue muy larga, de unos nueve meses, debido a las consecuencias de la epidemia de la COVID-19 y a la orden de confinamiento. Ese tiempo resultó valioso para enamorarme de la isla, dar espacio a la amistad con el perro y dedicarme a la creación literaria. Allí nació la idea de una nueva novela, que titulé Corpora mundi. En aquel entonces escribía aún en italiano. La idea surgió a partir de este lugar, que ejercía un fuerte impacto en la búsqueda de un sentido de la vida y de uno mismo. La isla de Lanzarote me pareció un entorno idóneo para expresar la materialidad del cuerpo como fundamento de toda forma de vida. En efecto, la novela Corpora mundi se vincula a la razón material de toda realidad y a la teoría de Lucrecio sobre los átomos, que une el mundo orgánico con el mundo inorgánico. Así, en el marco del vulcanismo que caracteriza la isla de Lanzarote, narro un acontecimiento humano muy común aunque intenso y controvertido: el amor de una pareja de amantes en fuga. El suceso se centra en la llegada a Lanzarote de un profesor de escuela que desea experimentar el amor sexual con su amante, quien en un primer momento acepta este viaje de Italia a Canarias. Como ocurre en el imaginario colectivo, la isla, por su naturaleza y los paisajes volcánicos atrae a hombres y mujeres, que buscan otra forma de vida, lejos de la rutina insoportable de las ciudades abarrotadas. Así sucede con don Fernando, el hostelero que acoge a los dos protagonistas de la novela, Antonio y Clara, a quienes recuerda las razones que lo llevaron a elegir la isla de Lanzarote y a abandonar su país de nacimiento. Cuenta: “He abandonado a mi esposa y a mis hijos y he elegido esta isla encantadora para una nueva vida; he dicho basta a Milán, a mi banco, a la rutina de una existencia insoportable.” (Corpora mundi, Giovane Holden Edizioni, 2021, pág. 12)
Sin embargo, Lanzarote es también la isla de la metáfora: el magma y las erupciones volcánicas. La lava que desciende de los cráteres representa la vitalidad y la libido, de la que habla Freud. El protagonista de la novela, escrita en lengua italiana, cree firmemente en esa materialidad de la psique humana que se identifica con la lava y revive la experiencia de la erupción del Timanfaya de 1730, otorgando especial importancia al diablo que, según la tradición popular, alimentaba la fuente volcánica. Existen notas de la época del cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, que dan testimonio de aquel acontecimiento y en las que me inspiré para hacer revivir, a través de la imaginación exagerada de Antonio, esa erupción disruptiva junto con todo el conjunto de creencias populares. Antonio relata así su experiencia fantasiosa y exaltada en la página 107 de la obra citada. “Ahora entiendo cuál fue la verdadera historia del diablo. Lo más sorprendente es que me he identificado con don Lorenzo. Sí, soy yo: ardo de deseo por dar expresión a ese magma diabólico. Quiero entrar en el secreto de la tierra y descubrir sus miles de anfractuosidades: cuevas, canales, galerías, formas indescifrables, esencias lunares, un planeta golpeado por misteriosos asteroides. No hay imagen que no pueda quedar impresa en la mente.” Antonio vierte toda esa pasión magmática en su relación amorosa con su amante Laura.
Muy interesante, a nivel literario, es el entrelazamiento que he establecido entre las dos obras: en El perro viaja conmigo describo la génesis de Corpora mundi. “En Charco del Palo quería empezar a escribir un nuevo relato, pero me gustaba trazar antes a los personajes. Y pensé en un hombre, el protagonista, sea decir el yo narrador, arrollado de la pasión erótica y cuyo deseo sexual habría sido el mismo que el de los perros. Cada cuerpo femenino lo excitaba, en un deseo interminable.” (El perro viaja conmigo pág. 59).
Ficción y realidad se entrelazan. La isla se convierte en fuente de inspiración y, cuando escribí la primera obra en lengua española, quise establecer una conexión con la última, escrita en italiano. Así, Lanzarote se transformó en el punto de contacto entre dos mundos literarios y lingüísticos. “¿Qué mujer es esta Clara, preguntó muy curiosa Julia. Seguro que la ves guapa y sensual. ¿Por qué deja a su marido y sigue a su amante a Lanzarote? No creo que Antonio sea hombre digno de confianza. Yo, siendo mujer, lo querría lejos.”(El perro viaja conmigo pág. 84).
La génesis y la construcción de la trama narrativa de la novela Corpora mundi acompañan el desarrollo del relato de El perro viaja conmigo teniendo como marco los paisajes de Lanzarote. “El océano con su enorme masa de agua, las rocas negras bajo el cielo despejado habían estimulado mi imaginación para una novela ambientada allí y tenía el asunto de que fuera el cuerpo en la naturaleza y en la vida humana. Recordé a Lucrecio, poeta y filósofo romano de primer siglo antes de Cristo y a su obra De rerum natura. Habría empezado por él para escribir mi nueva novela.” (El perro viaja conmigo, pág. 38).
La isla de Lanzarote se presta no solo a una lectura materialista de la realidad, sino también a una interpretación espiritual. En mi imaginación literaria narrada en Corpora mundi y descrita en El perro viaja conmigo, Antonio, durante la pandemia, cuando su amante Laura lo abandona para regresar a Italia, modifica su teoría filosófica y se convierte en partidario de corrientes espiritualistas de carácter místico. La soledad lo conduce a una reflexión más íntima y así descubre el neoplatonismo. “Ahora, en la soledad, (Antonio) cree que no es el materialismo lo que trae felicidad, sino la espiritualidad. Quiere deshacerse de los sentidos físicos y carnales, quiere ser puro espíritu, como los primeros ermitaños cristianos, elige la filosofía de Plotino, su idea del nous, el uno que une el múltiple sentido de la realidad. No más casualidades, sino que todo tiene finalidad, la perfección interior: nunca más corpus mundi, sino alma mundi. En la vida, día a día está solo lo esencial. Una cueva para dormir y escasa comida para sobrevivir.” (El perro viaja conmigo, pág. 96).
¿Por cuanto tiempo Antonio permanece en ese nuevo recorrido filosófico del espiritualismo? ¿Cuanto dura la fascinación mística de la isla canaria? ¿Cómo enfrenta los estímulos sensuales del placer carnal? ¿Estar en ayunas y dormir en la cueva le satisfacen para combatir contra las tentaciones del materialismo?
No entrego ninguna respuesta en la narración de Corpora mundi. Las preguntas quedan abiertas, sin solución, porque el propio personaje no la encuentra. Es en El perro viaja conmigo, donde aparece una voz externa, la de mi mujer, que me interpela y me pide un giro en la construcción del personaje Antonio. Me pregunta: “Tú eres el autor, ¿no puedes mejorarlo?” (El perro viaja conmigo, pág. 96). Mi respuesta es negativa. Cuando un personaje sale de mi cabeza deja de pertenecerme. Se vuelve autónomo, adquiere una vida propia y una coherencia interna que ya no me es posible modificar sin traicionarlo. Tengo que respetar su perfil.
He aquí el cruce entre realidad, ficción, imaginación y entorno. En este punto dejo la narración pendiente. Antonio se identifica con Lanzarote, ya sea por su materia candente o por el espiritualismo de su naturaleza. Puede volver a creer en el atomismo lucreciano o quedarse definitivamente en el misticismo. Puede regresar a Italia con su amante Laura o vivir del cuento en soledad por cuevas y calles de Lanzarote, “como hoy ocurre con todos los marginados que no tienen voz ni palabras, ignorados, hasta que estallan.” (El perro viaja conmigo, pág. 97). Esta es la grandiosidad de la literatura, donde todo es posible y las soluciones finales de la narración pueden ser múltiples. El final, sin embargo, es siempre un regreso a la realidad, inevitablemente desviado de los sueños y de los deseos.
La isla mágica de Lanzarote se aparta entonces y deja su estela, como la de un avión que se pierde en los cielos soberbios, sin chubascos, para siempre azules.



