Escribir una novela histórica no es solo documentarse. Tampoco es únicamente recrear un tiempo pasado con rigor. Para mí, escribir Vientos de pólvora ha sido, sobre todo, una forma de mirar hacia atrás para entender el presente, de escuchar las voces de quienes no aparecen en los grandes manuales de historia, pero sostuvieron el mundo con sus manos.
Durante mucho tiempo conviví con Miguel e Isabel casi en silencio. No eran héroes épicos ni figuras excepcionales. Eran campesinos, vecinos, personas corrientes obligadas a tomar decisiones extraordinarias. Me interesaba precisamente eso: qué ocurre cuando la guerra irrumpe en la vida cotidiana, cuando el amor, el miedo, la lealtad y la traición se mezclan en los caminos de tierra, en las plazas de los pueblos, en las cocinas donde aún huele a pan caliente mientras todo empieza a resquebrajarse.
Esta novela nació de muchas horas de archivo, de lectura y de reconstrucción histórica, sí, pero también de preguntas muy íntimas. ¿Hasta dónde llegaríamos nosotros por defender lo que amamos? ¿Qué precio tiene la dignidad cuando la supervivencia está en juego? ¿Cómo se sostiene el afecto cuando todo alrededor se derrumba?
Escribir ha sido un ejercicio de responsabilidad. He intentado ser fiel al contexto histórico, a los hechos documentados, pero sin olvidar que la historia también se vive desde la emoción, desde lo pequeño, desde lo humano. Cada escena está pensada para que el lector no solo observe el pasado, sino que lo habite.
Este blog nace con esa misma intención. Aquí compartiré reflexiones personales sobre el proceso creativo, pequeños textos breves, quizá algún microrrelato, y también el día a día de lo que significa escribir desde el rigor, pero sin perder la piel. No como un escaparate, sino como un espacio de conversación tranquila, donde la literatura se entiende como un puente entre tiempos, memorias y personas.
Si algo deseo es que quien se acerque a estas páginas —a la novela o a este blog— sienta que la historia no es algo lejano ni ajeno. Porque, al final, seguimos haciéndonos las mismas preguntas, aunque cambien los escenarios.
Gracias por estar aquí. Seguimos leyendo, seguimos escribiendo.



