Minina Santana: La literatura como forma de vida sin soledad

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De nacionalidad argentina, María Angélica Yasenza de Santana, Minina Santana, ha vivido en varios lugares. Entre ellos durante mucho tiempo en una casa en el Delta del Paraná, sobre el río Gelves. Un lugar mágico, en una geografía diferente y hermosa. Por eso cuando pensó en escribir una novela, el escenario que eligió fue ese. La isla, con sus escondites y sus intrigas. Vivió junto a su marido también en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Una maravillosa ciudad marítima, con aroma a sal y a bosques. Ahora han elegido Marbella, con su intenso mar azul, sus montañas, su cielo siempre tan limpio y sobre todo su gente, con su sonrisa presente, con su amabilidad y su alegría. Minina recuerda el libro de Hemingway “París es una fiesta” y ella lo aplicaría a Andalucía. Esta tierra es una eterna fiesta.

María Angélica se tituló como maestra en Buenos Aires. Luego comenzó a estudiar Antropología en la Universidad de Filosofía y Letras, pero no terminó la carrera. Pero hay dos cosas a las que dedicó su vida: La música y la lectura.

Nunca pensó que podría dedicar sus horas a la escritura, hasta que llegó a Mar del Plata y le invitaron a un curso de escritura creativa que se realizaba en “Villa Ocampo”, la casa de la escritora Victoria Ocampo. Fue conocer ese escenario, sus libros, su dormitorio, su espléndido jardín en donde tomaban el té con Rabindranaz Tagore, Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo su hermana… y comenzó a comprender, aunque tarde, que la escritura te permite una vida sin soledad. “Tus personajes, en cuentos, relatos cortos, o  bocetos de una futura novela, están siempre en tu cabeza. El escritor escribe en soledad, pero no está nunca solo, es uno de los trabajos más hermosos que puede tener una persona”, reconoce Minina Santana.

Toda creación artística te conecta con la mejor parte de tu mundo, con lo mejor de ti, con la naturaleza y con otras humanidades. Se aprende a ser uno y un millón y esa conexión te lleva a espacios de ti, que no conocías.

La casa de Victoria Ocampo, produjo en Minina sensaciones extrañas. Comenzó a comprender que podía interactuar con personajes, lugares y conflictos. En las clases, muchas veces jugaban a escribir a la manera de Cortázar (inventando palabras), a la manera de Borges escribiendo como dentro de sus laberintos, de Homero poetizando temas de la Odisea. Y entre juegos, pensando como escribía Clarise Lispector, narrando pensamientos internos, fueron surgiendo cuentos, alguna poesía y recientemente su primera novela: Sudestada.

Dice que acepta que no posee el don, pero que sus días son tan maravillosos viviendo dentro de ese mundo fabricado, dejando aflorar entre líneas sus sentimientos, que ya con eso tiene suficiente.

Y nunca dejó de lado la música. La música llena su vida a otro lado, con otros personajes. La ópera le completa. La música sinfónica, la música de cámara. Disfruta de todos los períodos musicales: Barroco, Clásico, Romántico, el Verismo Italiano, etc.

A veces piensa que si desde la niñez, en la escuela, los maestros supiesen formar gente amante del arte, el mundo sería diferente. Si se pudiese captar de pequeños, la sencillez y claridad de la música de Mozart, lo sutil de Mahler, lo romántico de Rajmàninov o Chopin, nuestras neuronas funcionarían de otra manera. Y lo mismo sucede con la literatura. Enseñar que hay otro mundo diferente al nuestro y que leyendo sus vidas, sus vivencias, su dolor, nos alejaría de pensar que somos el ombligo del mundo.

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