La autoedición del hombre prehistórico: Antecedentes del papel y del libro

autoedicion-hombre-prehistorico

 

La necesidad del hombre por expresarse es un hecho que ha quedado demostrado a lo largo del tiempo, solo hay que fijarse en imágenes pictóricas que han quedado en paredes de cuevas prehistóricas. Son primeras manifestaciones de alguna forma de comunicación que con el tiempo, sin duda, evolucionaría. Las pinturas rupestres del paleolítico ya significaban algo: la necesidad de comunicar utilizando un soporte físico. No precisaban de editorial alguna, era el más primitivo modelo de autoedición, los libros y los lienzos estaban en las paredes.

Nos vamos ahora al neolítico con la primera manifestación escrita en piedra. Mediante una lámina de piedra, los hombres dibujaban aquello que querían representar y que necesitaban comunicar. Después de esto, se encontraron tablillas de arcilla que se utilizaban en Mesopotamia. Eran triángulos de arcilla en los que se plasmaban los caracteres antes de ser cocidos y se conoce como escritura cuneiforme. Después se cocían para que se solidificara. Todo lo hacían ellos mismos, era una primera autoedición.

Historia muy lejana que progresivamente siguió creciendo. Así y con muchos años de margen, el antecedente real del libro es el rollo de papiro o volumen: un encolado de varias hojas envueltas en un cilindro de madera y enrollados. Algunos superaban los cuarenta metros. El texto estaba organizado en una sola cara y puesto en columnas. Pero llegó el turno para el pergamino, hacia el siglo III a. C y se obtenía mediante la piel de los animales, aunque por la materia empleada y el tiempo de elaboración, se trata de un soporte bastante caro.

 

Del papiro al papel

Los cilindros de papiro se conocían como volumen que su traducción del latin significa movimiento circular. El volumen se enrollaba a través de unos cilindros de madera y solo se podía leer por orden, es decir no se podía saltar a un texto concreto (lo que conocemos como pasar página).

Y en esta línea de reemplazamientos, llegó el papel. Una delgada lámina construida con una pasta de fibras vegetales molidas suspendidas en agua que posteriormente se secaba y endurecía. Este avance permitió una difusión más amplia del libro, primero con las copias amanuenses, que fundamentalmente se prodigaron en entornos conventuales. Pero la producción del libro sobre todo evolucionaría siglos después con la invención de la imprenta. Es a partir de la misma cuando surge el libro como actualmente lo conocemos, la literatura y los escritores que optan por la autoedición de sus libros, un fenómeno que hoy en día sigue estando de moda. Hoy en día, la impresión digital ha hecho posible un nuevo paso adelante, evitando que haya que sacar grandes tiradas de un único libro para hacer posible su publicación. De hecho, es posible publicar un libro desde un solo ejemplar.

Ni en roca ni en papiro, si optas por seguir nuestro sistema de autoedición cuidada y guiada, te aseguramos un libro con la calidad en su presentación como la que tienen las obras que más venden, pero sin una tirada mínima.

Publicado en Blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *