LA VERDADERA PANDEMIA

Oihane Molinero presenta el relato corto 'La verdadera pandemia'

Sentada en el sofá, con la manta cubriéndome y la luz tenue, observo detenidamente la televisión. En ella las noticias casi eclipsan el resto de los programas existentes y en nuestras cabezas, como comiendonos los sesos, retumba solamente una palabra.

Es difícil mantener la cordura con personas creando bulos y masas arrasando los supermercados de la ciudad, como si del fin del mundo o el apocalipsis zombie se tratase, sin embargo, he tenido suficiente tiempo estos días para plantearme si es el coronavirus la verdadera pandemia.Con el cierre de los colegios y museos, la recomendación del teletrabajo y la reducción del aforo en cines he comprendido que no es el virus lo más peligroso, sino el miedo y la respuesta a él y que llevamos con el verdadero y más nocivo problema desde hace más de una década y ni siquiera nos preocupa.

Las nuevas tecnologías han arrasado con las vidas de las personas que nacimos con ellas y se han llevado por delante la de los que ya sabían cuál era su lugar en el mundo. Ya está desapareciendo la distinción entre las diferentes edades, la mayoría nos levantamos de la cama tras una mala noche y nuestras manos van en busca del teléfono instantáneamente. Nos volvemos locos si no lo tenemos a diez centímetros de nosotros e intentamos dormir, vanamente, con los ojos como platos dañados por la intensa luz.

Son pocos los sabios que las apartan de sus vidas, que leen el periódico en papel, compran productos en las tiendas físicas o disfrutan cada tarde de una conversación con fondo en la mesa de un bar mientras toman café.

Es realmente triste observarnos desde la butaca del cine, es humillante ver cómo el contacto entre nosotros va desapareciendo, como dejamos de abrazarnos, de hablar con nuestros amigos en la calle de nuestras inquietudes y alegrías. Es desgarrador ver cómo perdemos la expresividad que nos caracteriza a los seres humanos, cómo nos aislamos y dejamos absorber por un simple aparato de seis pulgadas. Las multitudes piensan que están haciendo frente al virus global que nos persigue estos días poniéndose mascarillas y lavándose las manos, pero no entienden que se han olvidado de la verdadera y más peligrosa pandemia.

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