LA OTRA CARA DE LA MONEDA

En una reciente visita a una exposición de fotoperiodismo, calificada como una de las mejores del mundo, mis compañeros y yo fuimos partícipes de las tragedias que asedian nuestro mundo. Mientras una joven mujer nos explicaba las fotografías expuestas, nuestro grupo callaba y tragaba las palabras amargas que esta pronunciaba.

Fueron muchas las imágenes desgarradoras, donde se podían ver los miedos de algunos colectivos a ser reconocidos y juzgados por ello. Se mostraban, por ejemplo, a los homosexuales, que aún son perseguidos en demasiados lugares, o los efectos de un estado egoísta e injusto, que priva de la seguridad social a sectores más marginados de la sociedad, causando numerosas muertes. Lo que más me impactó, a pesar de ya ser bien sabido, fueron las imágenes que reflejaban la situación de los mexicanos en Estados Unidos. En una de estas fotografías,  se mostraba a una niña mexicana llorando y observando con terror como revisaba a su madre un policía estadounidense. Madre e hija se disponían a cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, cuando dicho policía las detuvo. Es desgarradora la situación en la que vivimos, pues, mientras nosotros gozamos de una vida plena en nuestro país y nos conformamos con dedicar unas palabras a este tipo de situaciones, hay realmente un número desmesurado de personas que lucha cada día por sobrevivir.

Al finalizar la visita, ya con un nudo en el estómago, nos permitieron permanecer en la exposición para poder observar las imágenes con mayor detenimiento o visualizar las que aún no habíamos visto. Fue un golpe de realidad, una mezcla entre tristeza, compasión y rabia, aunque sólo por hora y media, pues poco más tarde andábamos por las calles de Vitoria almorzando, sentados en algún bar, riendo y celebrando nuestra libertad. He aquí las dos caras de la moneda.

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