LA ISLA DE LA INCULTURA

Oihane Molinero presenta una reflexión sobre la sociedad en su relato 'La isla de la incultura'

A pesar de la existencia de millones de libros, millones de películas e infinidad de pinturas y esculturas realizadas durante años, se ha borrado de la historia, como si nunca hubiera existido, la mayor parte de la cultura.

Son pocas las cosas más denigrantes que el hecho de que la profundidad y el sentimiento reflejado en maravillosas obras se desconozca y se ignore por la mayoría de nuestra población. No obstante, parece no ser suficiente para aquellos a quienes la cultura nos importa, pues además tenemos que hacer frente al drástico recorte presupuestario. Sin embargo, sí hay presupuesto para producir programas televisivos como la reciente «Isla de las tentaciones» cuyo argumento principal es ver cómo algunas parejas acaban mostrando su infidelidad.

Es triste y a la vez no es de extrañar en este país, donde el morbo y el ansia por “cotillear”, el amor al drama ajeno y la falta de autocrítica reinan por encima de todo lo demás. Nadie habla por las calles de los sentimientos, de los talentosos directores de cine o de la poesía de los grandes autores. Por otro lado, el grupo de personas que visitan museos o zonas arqueológicas de interés, si antes era insignificante, a medida que pasan los años, queda aún más reducido.

Cuando llegue el momento en el que conseguir libros sea un auténtico sacrificio, visionar películas o acudir a teatros sea más complicado de lo que ya es y admirar los cuadros se esté extinguiendo, no debe reinar en nosotros la preocupación, pues, por lo menos, siempre quedará al alcance de todos la isla de las tentaciones y el «unga unga» como idioma oficial del país.

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