GAFAS DE SOL Y BOTAS VOLADORAS

Nuestra sociedad avanza sin mirar hacia atrás, trota apresuradamente sin detenerse a hidratarse. Queremos correr tanto que hemos acabado poniendo patas arriba todo aquello que se nos cruza por delante y se nos han agarrotado los músculos por edulcorar nuestra realidad. La queremos menos conflictiva, para no estremecernos ni inquietarnos y evitamos nuestros problemas dejando caer una de las cortinas de humo más gruesas que ha existido jamás.

De repente todo se empezó a considerar ofensivo y lo más importante de todo, la intencionalidad, dejó de importar. Nos hemos llenado de eufemismos, y hemos abusado tanto de ellos que su valor y sentido se ha evaporado, tal y como afirmó Joseph Wood Krutch “cualquier eufemismo deja de ser un eufemismo después de un tiempo y acaba mostrándose su verdadero significado”. Tanto ha sido nuestro empeño por tapar los insultantes términos que en ocasiones es más ofensivo el eufemismo que la palabra tabú a la que hace referencia.

Estamos perdiendo el norte, incluso queremos cambiar la historia de las palabras, haciendo uso de formas inexistentes para no ofender a nadie, consiguiendo que el mal habla se convierta en modelo. Andamos con cuidado de no pisar ninguna hormiga y evitamos mirar a los ojos por miedo a convertir en piedra.

Tengo fe en que dentro de un corto periodo de tiempo todo esto cambie. En que enseñaremos a nuestros descendientes a respetar y, desde el mismo respeto, a llamar a las cosas por su nombre en lugar de adornar y maquillar la realidad para simular que todo es idílico, para que así, no se pueda ofender ni quien se quiere sentir ofendido. Pero si no, tendremos que salir de casa con unas buenas gafas de sol y unas botas voladoras que nos eviten dañar a las hormigas.

Oihane Molinero García

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