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El poder y los poderosos en la novela

Uno de los aspectos centrales de esta novela, Anatomía del silencio, desde que me planteé la idea de hacerla fue el de describir el germen de los odios y las venganzas que se transmiten de generación en generación. Así llegué al uno de los motores de la literatura y es el poder. El poder concebido como el deseo de posesión e injerencia sobre el destino de los demás. Y allí, por supuesto, estaban esos protagonistas en general silenciosos, calculadores, sinuosos y sociópatas: los poderosos.

Poderosos que en Anatomía del silencio, se hacen primero con el dominio de la tierra, germen de todo el problema en el cañón de Simindonga, donde transcurre esta novela. Hubo un gran terrateniente de finales del siglo XIX y principio del siglo XX en Colombia, conocido como Pepe Sierra, quien decía que “la tierra no se pudre”, para justificar su desmedida inversión en estas posesiones y, de paso, defendiéndola como riqueza exclusiva, como tangible para acrecentar caudales. Porque así piensan los ricos y gamonales de Anatomía del silencio y los ricos de Colombia y de otros países en el mundo. Aunque, hay que decirlo, en este país donde nací y me he levantado la tierra es aún hoy el origen de nuestros odios, diferencias de clases, venganzas, desplazamientos y otras crueldades que  superan muchas veces la ficción. Esa es nuestra realidad, nuestra cruda realidad.

Y, también, en Simindonga los poderosos se imponen gracias a sus apellidos, a sus apellidos que los cerca, que los valla, protegiéndolos unos con otros en un redil consanguíneo donde se casan, se asocian y se relevan, para ser siempre ellos los poseedores de todo: de la tierra, de las riquezas, del poder político y de las vidas de todos.

Si estas dos armas de dominio e imposición no funcionan, entonces para eso está el miedo, la violencia. Y eso es lo que ocurre en Anatomía del silencio, donde la muerte y la desaparición no solo elimina al oponente, al contradictor, a aquel que se atreve a pensar y exigir, sino que además sirve para instrumentalizar esta emoción atávica que silencia, que induce al olvido, que borra la memoria de los que ya no están y de aquellos que quedan. Esa es la tragedia que plantea Anatomía del silencio a través de la historia de dos gemelos enfrentados a la peor de las desgracias que es estar muertos en vida.

Publicado en Blogs de autores

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