DIOS, QUIEN LO SALVA TODO

Es curioso que el planeta sea una mota de polvo suspendida en medio de la arena cósmica y que nosotros tengamos un universo desmesurado en nuestro interior, cada uno con nuestras propias ideas y batallas que librar, nuestro pasado y un futuro incierto que debería verse afectado solamente por nuestras propias decisiones. Es por eso que yo me pregunto, si cada uno es dueño de su vida, ¿por qué razón algunas personas se empeñan en decidir y fijar el rumbo que deben tomar las vidas de los demás?

Al igual que hay quien habla de todo sin saber de nada, simplemente por la razón de no ser mudo y gozar de la capacidad de emitir fonemas, hay muchas personas que dictan sentencias sin valorar ni tener en consideración la situación de aquellos a quienes afecta.

Es realmente desgarrador ver cómo hay personas sufriendo por su propio dolor y por el que involuntariamente provocan a sus seres queridos. Es doloroso ver cómo hay quien sufre porque ha dejado de hacer las cosas que antes era capaz de hacer y porque se ha llegado a dar cuenta de que depende de otra persona para desplazarse, asearse y alimentarse. Parte almas ver cómo algunas personas que padecen enfermedades piden a gritos, mediante sonidos ahogados, morir para acabar con su sufrimiento. Pero lo que es más triste aún, es que no puedan hacerlo, pues resulta ser una especie de «homicidio».

Creo firmemente que la eutanasia es un derecho y no una obligación y por eso aún me pregunto por qué hay quien quiere que esta ley continúe sin aprobarse. ¿Es porque es Dios quien da la vida y la quita? En ese caso, ¿por qué Dios no se lleva también el dolor?

Las personas que ansían morir dignamente y en paz, evitando el sufrimiento hasta la recta final deben poder hacerlo y esto no obliga a que la ley se aplique a todo el mundo. Sin embargo, a mi parecer, y respondiendo a mi anterior y angustiosa pregunta, en estas personas habita la apatía en su totalidad y creo que si vivieran esa situación podrían cambiar fácilmente de parecer.

Aquí muchos actúan sin atender a las consecuencias de las decisiones tomadas y se dedican a mirarse el ombligo. Algunos también dejan su testamento vital sin redactar y viven su vida sin miedo de lo que pueda pasar, cargando con el muerto a sus familiares. Espero que dentro de unos años todo ser humano lo deje redactado ante notario para evitar algún que otro mal trago, al igual que tengo fe en que pronto acabará el odio a la buena muerte y consiga ser legal en nuestro país. Espero que quien quiera morir dulcemente lo pueda hacer, y si no, que le salve dios de la última pesadilla de su vida.

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